La católica reina de Castilla

No estaba destinada a ocupar el trono, ya que cuando nació, su padre, el rey Juan II de Castilla ya tenía un hijo varón de veinte años, Enrique (apodado más tarde el Impotente), nacido de su primer matrimonio con María de Aragón, quien le sucedería en el trono, en 1454. En ese momento la princesa Isabel fue enviada a Arévalo, junto a su madre, Isabel de Portugal, lejos de la corte. Desde pequeña vivió rodeada por un excelente grupo de damas de compañía y tutores, entre los que se encontraban algunas de las figuras como Lope de Barrientos, Gonzalo de Illescas, Juan de Padilla, Gutierre de Cárdenas y fray Martín de Córdoba. De ellos recibió una formación humanística basada en la gramática, la retórica, la pintura, la filosofía y la historia.

En 1462, su hermanastro decidió llamarla junto a él, antes del nacimiento de su hija Juana.

La inestabilidad política en Castilla crecía y en 1465, los nobles impusieron al rey un humillante conjunto de medidas que limitaban su poder. Entre las exigencias que Enrique IV tuvo que aceptar fue que la princesa Isabel se alejara de la corte. Tres años después, Enrique aceptó el tratado de los Toros de Guisando, por el que, para conservar el trono, reconocía a Isabel como legítima sucesora en la corona de Castilla.

Isabel tomó como pretendiente matrimonial a Fernando, hijo y heredero, de Juan II de Aragón. Todo se llevó en el más absoluto secreto. Y el 5 de septiembre de 1469, Fernando partió disfrazado de criado y cuatro días después tenía lugar la ceremonia nupcial. Los cronistas oficiales presentaron su encuentro como un amor a primera vista. Pero, tanto Fernando como Isabel tenían intereses políticos en ese matrimonio. El 12 de diciembre de 1474 Enrique había muerto, y al día siguiente, Isabel se autoproclamó reina de Castilla, tomando como base el tratado de los Toros de Guisando. Su sobrina Juana hacía lo mismo, negociando al tiempo un contrato matrimonial con Portugal para unir las fuerzas de ambos reinos. Desde ese momento y hasta 1479 tenía lugar una sangrienta guerra por el trono castellano, que concluye con  los tratados de Alcáçovas y Moura. Isabel exigió que Juana renunciara al matrimonio con Alfonso de Portugal y entrara como monja en el convento de las clarisas de Coimbra, para garantizar que no tuviera descendencia.

Cronología: de princesa a soberana

Fuente: historiang.com

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s